La increíble interconectividad aérea que actualmente hay en todo el mundo tiene sus lados negativos, como son -en este caso puntualmente- las facilidades para la difusión de enfermedades contagiosas.
Con el surgimiento de la gripe porcina, México quedó en el centro de la polémica mundial. Poco parece importar, a esta altura de los acontecimientos, si el primer caso se dió allí o más al Norte, en los EEUU. Lo cierto es que en estos días la tierra de los mariachis quedó signada por ser "el centro de la nueva pandemia mundial", o como quiera decírselo bajo títulos en tipografías catástrofe.
¿Cuál fue la reacción del resto del mundo? Hubo varias. Para empezar, la OMS (máxima institución internacional a nivel salud) des-recomendó totalmente la suspensión de vuelos. Sin embargo, varios países (entre ellos la Argentina) optaron por bloquear totalmente el tráfico aéreo con México. En otros casos, la decisión es más bien corporativa que estatal. Muchas empresas americanas y europeas decidieron reducir sus frecuencias (aunque no anularlas) hacia (y desde) México, y en otros casos directamente se optó por mantener la oferta tal cual estaba antes, aunque atacando el problema en los aeropuertos de llegada, con tratamientos especiales a los pasajeros que llegan desde zonas críticas.
La reacción de las autoridades mexicanas hacia los países que prefirieron suspender los vuelos no se hizo esperar. En el caso concreto argentino, según se publicó, incluso el envío de un vuelo charter fletado por el gobierno para buscar a los compatriotas que estaban varados se vió demorado por la falta de autorizaciones por parte de las autoridades aztecas. Por cierto, algunos de los afectados por esta medida dejaron fluir sus críticas ante una decisión que juzgaron cuanto menos inapropiada. Seguramente, cuando todo esto termine algún resquemor entre ambos países (y el resto de quienes se plegaron a esta clase de políticas) quedará.
En principio, surgen dos apreciaciones principales (al menos a mi criterio):
- una parte importante del mundo, oficialmente, se explaya a favor de la integración internacional, de la eliminación de fronteras y de los desafíos consultos. Pero basta para que una peste (o una crisis económica con escasos precedentes) explote ante las narices de todos para que la reacción más común sea cerrar la puerta con llave y candado;
- el daño que esta situación puede causarle a México y a su economía está aún por verse. La suspensión de vuelos y de miles de reservas de viajes y turismo seguramente dejarán una importante cicatriz en las finanzas nacionales. Me pregunto, ¿el mundo habría reaccionado igual si en lugar de México esta gripe de chanchos se hubiera desatado en un país de primer orden mundial? En el caso argentino, ¿habríamos suspendido el ingreso de vuelos procedentes de los Estados Unidos, si allí estuviera el foco del problema?
Hace unas semanas, en el Senado argentino se estuvo por votar una ley para declarar la emergencia sanitaria a causa del dengue. Todo marchaba relativamente calmo en el recinto -y la iniciativa en cuestión estaba en vías de aprobarse sin mayores sobresaltos- hasta que el jefe de la bancada oficialista recibió un llamado en su celular (según todos dicen, de parte de el mismísimo núcleo del poder gobernante) para que se diera marcha atrás con ese tema y no se votara la emergencia. ¿El motivo? Si ello prosperaba, el daño para la imagen (y los bolsillos) nacionales sería altísimo. ¿Quién querría venir a un país con dengue, más aún si el propio gobierno avala la declaración de una emergencia? Conclusión, el dengue sigue, pero la emergencia no. ¿Deberían haber hecho lo mismo los mexicanos?