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26/01/2011 12:00:00 a.m.
EE.UU. - Un argentino, “héroe” a bordo de un avión que aterrizó en Nueva York

La azafata ofreció café por última vez y se llevó los restos del desayuno. Fernando Gil miró el reloj y se desperezó en su butaca de business: eran las seis de la mañana del jueves 20. “Quiero mi cama”, le dijo a su amigo Ramiro Silos. Faltaba media hora para que el vuelo 256 de American Airlines llegara al aeropuerto Kennedy de Nueva York. Pero los gritos y el ruido de los pasos agitados retumbando contra el acero le sacudieron la madorra.

Vio pasar la espalada de un grandote que corría hacia la cabina del piloto.

Vio al grandote y también al carrito del desayuno que la azafata le lanzó . Pero nada detenía a Michael Isabelle, un veterano de guerra, tan fanático de las armas como enemigo de los inmigrantes.

Carlos Carrico, un asistente de vuelo, se lanzó sobre él pero terminó con Isabelle arriba decidido a destrozarle cada hueso. Carrico pedía auxilo y más golpes recibía. Nadie se movía y los pasajeros se iban aplastando contra las ventanillas. Sin pensar, Gil y Silos se tiraron sobre Isabelle y Carrico que seguía debajo. Los hilos de baba que le caían de la boca se mezclaban con la sangre que brotaba de los cortes que fue acumulando a lo largo de la pelea. Gil logró subirse sobre la espalda y arrodillarse encima, mientras Silos intentaba sostenerle los brazos. Alguien alcanzó unas esposas de plástico que Isabelle hizo añicos. Como por arte de magia, apareció un segundo par. Habían pasado cinco minutos. Isabelle estaba dominado.

Con la baba que chorreaba, los gritos que no paraban y la azafata que repetía “atrás, atrás”, Gil y Silos tuvieron que llevar a Isabelle hasta el último asiento, lejos del piloto pero también de la puerta de emergencia.

Fernando Gil todavía no puede creer todo lo que pasó. Porque la aventura no había terminado. Atado de pies y manos, Isabelle seguía gritando y escupiendo.

“Era como un animal, estaba como rabioso”, recuerda Gil. La media hora antes del aterrizaje se redujo a cinco minutos y apenas tocaron tierra, 25 agentes de la policía aeronáutica inundaron el avión. Entonces, los gritos de Isabelle se hicieron llanto. En un segundo el hombre fue sentado en una silla especial en la que de tan atado que estaba apenas podía mover una ceja.

Su destino final fue el Jamaica Hospital para enfermos mentales.

En su página de Facebook, Isabelle asegura ser un ex veterano de Vietnam y fanático del Tea Party que reúne a la derecha más recalcitrante de los Estados Unidos . Tiene 63 años pero el captor argentino dice que su aspecto no parecía de más de cincuenta.

Fernando Gil es escritor y artista. Tiene 34 años pero hace más de dos décadas que vive allá aunque en Argentina tiene una ONG que financia proyectos artísticos a chicos de bajos recursos. Para repetir esa experiencia en las favelas es que había viajado a Río con su amigo brasileño, Ramiro Silos.

Gil, que mide 1,80 y pesa 85 kilos, cuenta que no fue más arriesgado que ir a la cancha. Fanático de Boca, dice: “Cuando terminó todo, nos miramos con Ramiro y dijimos ‘qué más nos puede pasar ahora’”. Para entonces, sintió la mano de una azafata que le susurraba: “Buen trabajo chicos”, y el aplauso de los pasajeros que recién salían del espanto .

En American Airlines dijeron que sólo fue un “incidente con una persona que no se comportó como debía”. Gil se ríe. Es que además, le cobraron un cargo por recuperar la valija que le habían perdido en Río. Ayer, después de un reportaje con Radio Metro , le contó a Clarín que por primera vez el jueves no tuvo problemas en migraciones. “Usted se merece una cerveza”, le dijeron.

Fuente: Clarín
Autor: Mariana García

 



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