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24/08/2009 12:00:00 a.m.
Argentina - LAFSA sigue viva a la espera de su liquidación

Líneas Aéreas Federales Sociedad Anónima (LAFSA), el primer proyecto de aerolínea estatal del kirchnerismo, todavía sigue en pie. A seis años de su creación para cobijar a los desempleados que dejó la caída de LAPA y Dinar, la empresa espera por el decreto que inicie su liquidación. De los 1.400 empleados que supo tener, ahora le quedan apenas tres (dos administrativos y un director) y algunos activos por rematar, como un taller con herramientas, rutas y algunos muebles. En todo este tiempo, el Estado destinó unos $ 250 millones para sostener un emprendimiento que no pudo levantar vuelo por distintas razones. Las valijas con droga en un vuelo de Southern Winds, con la que tenía una asociación operativa, marcó su fracaso.

El primer proyecto de decreto de liquidación de LAFSA data de enero de 2007. Era el comienzo del fin de una historia a la que muchos en el Gobierno quieren enterrar lo antes posible.

El proyecto final de decreto de liquidación quedó plasmado en enero de este año. Tenía el dictamen de los ministerios de Economía y Planificación, con la venia del ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime. Sólo faltaba la firma de la Presidenta. La salida intempestiva de Jaime volvió a aplazar el trámite. La esperanza de varios funcionarios es dar por finiquitado el asunto este año por dos razones. Enterrar los malos manejos de la frustrada experiencia de aerolínea estatal (en medio del desafío del Gobierno con la reestatizada Aerolíneas). Y por otro lado, porque LAFSA ya no tiene fondos. El último dinero para la firma fue incluido en el presupuesto de 2007.

Con el decreto 1238 del 21 de mayo de 2003, el ex presidente Eduardo Duhalde, a pocos días de irse del poder, creó LAFSA. El objetivo era privatizarla en 180 días. Tras haber declarado la emergencia aerocomercial, buscó un refugio para los 1.400 empleados que dejaron en la calle las desparecidas Dinar y LAPA.

Néstor Kirchner no eludió la responsabilidad y apostó por la que era la primera aerolínea estatal dispuesta a competir con una Aerolíneas Argentinas en manos españolas y casi monopólica.

“Apostamos a un buen resultado, sabemos que los escépticos van a estar esperando que fracase, pero nosotros estamos convencidos de que la calidad empresaria y la calidad de los trabajadores permitirán que esto pueda funcionar”, dijo Kirchner en Aeroparque en un discurso antes de que despegue el primer avión con la inscripción Southern Winds-LAFSA. La aerolínea de origen cordobés estaba a punto de caer por falta de fondos. El precio del petróleo y de los seguros tras el atentado a las Torres Gemelas se había disparado y el transporte aerocomercial no toleraba perder otra aerolínea.

Dieciocho meses después el proyecto entró en picada. Ante el hallazgo de droga en aviones de un vuelo a Madrid de Southern Winds, el Gobierno desarmó la sociedad operativa –le proveía un tercio del combustible– en un acta de disolución de marzo de 2005.

LAFSA fue cuestionada desde sus inicios y más aún desde que perdió la posibilidad de volar. La manutención de un personal sin nada que hacer fue el factor de más irritación.

En este marco, la salida privatizadora no prosperó. Durante gran parte de 2005 se negoció la venta a LAN. No hubo acuerdo. La firma chilena decidió abrirse camino por su cuenta. A cambio, el Gobierno pidió que absorbiera el personal vacante. Junto con Intercargo tomaron 853 empleados que mantenía LAFSA.

El desafío era qué se hacía con la gente que siguió en la aerolínea estatal con directores y gerentes que cobraban entre 6 mil y 8 mil pesos por mes.

Se trabajó en un proyecto de optimización de rutas aéreas, el decreto de creación de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y un asesoramiento a la aerolínea boliviana.

En marzo de 2007 terminaron de renunciar los gerentes y directores de LAFSA y arrancó el proceso de liquidación, aún hoy no oficializado.

Quedó un residual de 30 empleados que siguió cobrando sin trabajar. Algunos de ellos eran parte de la agrupación más aguerrida del personal de rampa y mecánicos.

Tras varias idas y vueltas, 20 fueron indemnizados y 10 se reubicaron en otras oficinas públicas.

Hoy, en el octavo piso del edificio de la ONABE en Retiro queda un director y dos administrativos a la espera del decreto que les permita liquidar lo que quedó de LAFSA.


Rutas, herramientas y computadoras en el activo
LAFSA tenía previstas 12 frecuencias semanales a Bahía Blanca, seis a Neuquén, cinco a Trelew y Comodoro Rivadavia, cinco a Bariloche y El Calafate, cuatro sólo a Bariloche, 26 a Córdoba, siete a Río Gallegos y Ushuaia, siete sólo a Ushuaia, 12 a Mendoza, 12 a Salta, 12 a Tucumán, cuatro a Iguazú, siete a Resistencia, 12 a Mar del Plata, siete a Chapelco y siete para conectar Córdoba, Mendoza, Neuquén, Comodoro Rivadavia y Río Gallegos. Además, iba a volar a Santiago de Chile, Madrid, México y Miami. Así se establecieron en el decreto que la creó en mayo de 2003.

Nada de esto se pudo hacer realidad tras el escándalo de las “narcovalijas” del socio operativo Southern Winds.

La presión mediática fue tal que el ministro de Planificación, Julio De Vido, consideró “liquidada” a la empresa LAFSA a los pocos días del suceso. Se firmó un acta de disolución que liberó de responsabilidad a las partes. “No existe más, se liquidó, dijo el ministro en su momento. Además de las rutas, sustentadas por un certificado de explotación aún vigente, el activo de Lafsa está conformado por algunos muebles, computadoras, herramientas y un taller en Aeroparque que hasta julio alquiló LAN. De los aviones de SW todavía quedan algunos rastros. Hay dos abandonados en Aeroparque y otros tantos más en el aeropuerto de Córdoba. Fuentes oficiales afirman que si no hubiera sucedido el escándalo de SW, LAFSA hubiera tenido alguna posibilidad de subsistir o de privatizarse. El acuerdo era que la firma estatal se ocupaba de manejar los recursos humanos y los hermanos Maggio, dueños de SW, de la operación aerocomercial. Guillermo Ballesteros, ex gerente general de LAFSA y actual director de operaciones de Aerolíneas Argentinas, es la memoria viviente de todo el proceso.

Fuente: Crítica de la Argentina
Autor: Alejandro Bianchi

 



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