En el mismo día en que Aerolíneas Argentinas debía estar de fiesta por la llegada de dos aviones nuevos, el gerente general y presidente, Mariano Recalde, cansado de las internas entre los gremios y la impuntualidad de los vuelos, levantó en peso a los empleados. La presidenta Cristina Fernández, en el acto de bienvenida de las máquinas, calificó de “calamitosa” la privatización de la empresa.
“En el marco de la inminente presentación del plan de transición, se hace saber a todos los empleados que el objetivo primordial en esta nueva etapa es asegurar la regularidad, puntualidad y correcta prestación de los servicios ofrecidos a los usuarios. Todo comportamiento y actitud que obstaculice la prosecución del objetivo antes mencionado será severamente sancionado”, firmó Recalde en la publicación 217 enviada ayer.
La interna entre los gremios y los conflictos ni siquiera se guardaron un día en que la Presidenta fue a Aeroparque a recibir los dos Boeing 737-700 que se incorporaron a la flota de Aerolíneas. Un cartel decía “Basta de sabotaje, señor Donikian”, firmado por APA, el gremio del personal de tierra, enfrentado con el encargado de mantenimiento de la compañía.
En la aerolínea de bandera admiten la caída en la calidad del servicio. Datos oficiales sobre puntualidad y cancelaciones de vuelo no hay. En la misma empresa afirman que la puntualidad de Austral cayó a 70% y la de Aerolíneas, a 40 por ciento. Un vocero de la firma no pudo confirmar las cifras. Admitió los problemas y los adjudicó a cuestiones meteorológicas en algunos vuelos de cabotaje al Sur y de mantenimiento en vuelos internacionales.
El vuelo de Aerolíneas a Perú del lunes fue un ejemplo. Alejandra C. era una de las pasajeras. Salió con dos horas y media de retraso y la vuelta del miércoles fue con tres horas fuera del horario establecido.
Estos inconvenientes lo único que hacen es espantar aún más a los clientes y generar más gastos, en un momento en que se vende la mitad de pasajes del año pasado por la gripe A y la desaceleración económica.
En consecuencia, el mes de julio será récord en pérdidas de la compañía. Según cifras preliminares a las que tuvo acceso Crítica de la Argentina, el resultado negativo rondará los $ 300 millones. La orden que le bajaron a Recalde desde lo más alto del Poder Ejecutivo es revertir este resultado. Los ingresos fiscales ya no son los de antes.
Consultadas distintas fuentes de la empresa, la sensación sigue siendo la falta de unión a pesar de la tan anhelada estatización y de que no hay ahora un reclamo puntual de algún sector. “Siempre aparece un problema”, se quejó un informante.
Entre todos se echan la culpa de las demoras en los vuelos. El sindicato de personal de tierra (APA) pide la cabeza del director de mantenimiento. Los mecánicos de APTA no quieren a Guillermo Ballesteros, director de operaciones, puesto por el ex secretario Ricardo Jaime y protegido de los pilotos de APLA.
Por eso Recalde ayer hizo un llamamiento generalizado al orden a todos los empleados, algo inédito en la empresa, aun en los tiempos de administración privada.
La presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para la bienvenida de los aviones no calmó los ánimos. Los pilotos de Austral y los mecánicos decidieron no ir al acto y dar una señal.
Fuente: Crítica de la Argentina
Autor: Alejandro Bianchi |