Tras un parto largo y tortuoso -ha durado más de dos años-, el consejo de administración de IAG ha dado luz verde a la creación de Iberia Express. La nueva sociedad, que nace con capital 100% de Iberia, comenzará a operar en abril de 2012 con una flota de 4 aviones que previsiblemente se convertirán en 13 a finales de año. La filial low cost de Iberia contará con la peculiaridad de ofrecer clase business y turista y, al menos en un principio, hará uso del handling y el mantenimiento de su matriz. La nueva aerolínea nace con estructura directiva y plantilla propias e independientes -esta última integrada por 500 nuevos trabajadores-, a modo de muro de contención frente a la posibilidad de contagio de estrategias y, especialmente, de costes entre ambos negocios.
Ello supone que el personal de Iberia que quiera ser trasladado a Iberia Express deberá abandonar previamente la matriz y los derechos adquiridos en ella. Como era previsible, la decisión ha sido muy mal recibida por el colectivo de pilotos de Iberia, que por boca del sindicato Sepla ha calificado la medida de "ilegal" y ha anunciado movilizaciones. Lamentablemente, ello permite augurar un otoño caliente y tormentoso en el seno de la compañía.
Lo menos que se puede decir del nacimiento de Iberia Express es que se trata de una apuesta absolutamente necesaria y vital para el futuro de Iberia. La fuerte ofensiva que en los últimos años han protagonizado en el mercado del transporte aéreo las compañías de bajo coste ha obligado a las aerolíneas tradicionales a reubicar su actividad en las rutas de largo recorrido y a ceder las líneas de media y corta distancia a las emergentes. A ello se ha sumado el estallido de la crisis, que ha supuesto un fuerte varapalo tanto para los trayectos transoceánicos como para los viajes de negocio. En ese escenario adverso, la creación de Iberia Express tiene como gran objetivo competir de forma eficiente en el mercado doméstico y en el europeo a través de unos costes de producción inferiores a los del deficitario negocio del corto y medio radio de Iberia actualmente.
La decisión de separar las plantillas de ambas compañías constituye una medida acorde con esa estrategia de ajuste de costes. No hay duda de que ello generará dos grupos de pilotos con retribuciones, derechos y condiciones laborales diferenciadas, extremo que el sindicato Sepla rechaza de raíz. Las diferencias de intereses entre los representantes de los pilotos y la compañía hacen presagiar un tira y afloja penoso, duro y conflictivo. Se trata de una elevada factura cuyo montante, en términos de imagen, pagará la compañía, pero cuyo peso recaerá una vez más sobre las espaldas de los consumidores. Convendría recordar por ello que el éxito de Iberia Express depende no solo de lo que estén o no dispuestos a pagar, sino también a soportar, sus futuros clientes.
Fuente: Cinco Días |