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14/02/2009 12:00:00 a.m.
La tragedia la golpeó dos veces

Beverly Eckert tenía un destino de tragedia. Su marido murió en el atentado contra el World Trade Center el 11 de septiembre de 2001 y para no paralizarse con su dolor se transformó en una líder para ayudar a las víctimas del terrorismo. Pero ayer la muerte la atrapó a ella en el accidente de Buffalo.

El jueves por la noche, Eckert, 57, subió al Vuelo 3407 de Continental. La viuda -que vivía en Connecticut- se dirigía a su ciudad natal para recordar el que habría sido el cumpleaños 58 de su esposo.

"Beverly perdió a su marido el 11-S y desde entonces fue una incansable defensora de las familias cuyas vidas cambiaron para siempre ese día de septiembre," dijo el presidente Barack Obama al anunciar ayer su muerte. "Coherente con ese apasionado compromiso, se dirigía a Buffalo para festejar el cumpleaños de su marido y presentar una beca en su memoria. Para mí y para muchos otros, fue una inspiración, y espero que su familia encuentre la paz y el consuelo en los duros días que se avecinan", dijo emocionado. El viernes pasado había sido recibida por Obama junto a un grupo de familiares de las víctimas del 11-S. Analizaron cambios en el trato dado a los sospechosos de terrorismo.

Eckert conoció a su futuro marido, Sean P. Rooney, en un baile de escuela a los 16 años. "Y, aunque eran muy distintos, las palabras 'Bev y Sean' a menudo se pronunciaban como una sola en lugar de tres," contaron cuando murió Rooney, vicepresidente de Aon Corporation.

Cuando se produjo el atentado de 2001, el matrimonio hacía poco había festejado los 50 años de ambos con unas vacaciones en Vermont y otras en Marruecos. Rooney estaba en el piso 98 de la torre sur. Cuando un avión se estrelló en la norte a las 8:46, llamó a su mujer, pero no estaba. Le dejó un mensaje: "Hola, Beverly, es Sean, en caso de que recibas este mensaje. Hubo una explosión en el World Trade Uno, el otro edificio. Al parecer se incrustó un avión. Está en llamas a la altura del piso 90. Y es horrible, Adiós." Un par de minutos después dejó otro mensaje: "estoy bien". En el fondo, se oía un altavoz que pedía la evacuación. Más tarde, a las 9:30, Rooney intentó ir a la terraza pero las puertas estaban cerradas. Golpeó con fuerza una puerta pero no se abrió, contó a su mujer. "Respiraba cada vez con más dificultad. Me decía que me amaba." Rooney estaba en el piso 105 y nunca llegó a la única escalera abierta.

Fuente: Diario Clarín

 



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