Ni la torre de control ni la voz de la piloto del vuelo 3407 mostraron preocupación alguna cuando se pidió que el avión volara a 700 metros (2.300 pies) de altura. Sin embargo, un minuto después, cuando los controladores aéreos trataron de comunicarse de nuevo con la nave ya no recibieron respuesta. El aparato desapareció repentinamente de la pantalla del radar. Se intentó un nuevo contacto: "Continental 3407, repórtese, por favor". Nada. La torre probó suerte con un avión cercano: "Delta 1998, mire a su derecha por un Dash 8, debe estar a 2.300 pies. ¿Ve algo?". "Negativo", respondió el piloto de Delta. El avión que buscaban había caído sobre una casa en el estado de Nueva York, dejando un saldo de 50 muertos.
Si bien no se han esclarecido las causas, anoche el vocero de la Oficina Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), Steve Chealander, informó que en un primer análisis de las cajas negras, surge que los pilotos del avión habían advertido en sus conversaciones la acumulación "significativa" de hielo en el borde anterior de las alas y el parabrisas.
Tony Trato, un testigo que vio desde tierra el accidente relató a la CNN que "el ala izquierda estaba un poco baja" y que "el avión se dirigía para el lado opuesto al aeropuerto".
"El cielo completo se iluminó de color naranja", comentó Bob Dworak, quien vive a menos de 2 kilómetros del lugar del accidente. En un abrir y cerrar de ojos, el avión que estaba en el cielo se convirtió en una cola incrustada en las ruinas de una casa en llamas.
Hasta anoche, eso es todo lo que se sabía sobre el Bombardier Dash 8-400 de la compañía estadounidense Continental Airlines que cayó el jueves a la noche sobre una vivienda en la localidad rural de Clarence, a unos diez kilómetros del aeropuerto. Faltaban sólo 5 minutos para finalizar el trayecto entre Newark (Nueva Jersey) y Buffalo, a 670 kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York, cerca de la frontera con Canadá, cuando ocurrió el impacto que provocó la muerte de la totalidad de los pasajeros a bordo y una persona en tierra. Se trata del primer accidente aéreo comercial fatal en Estados Unidos desde el 27 de agosto del 2006, cuando 49 personas murieron después de que un jet de Comair despegara de una pista demasiado corta en Lexington, Kentucky.
"Fue un impacto directo", aseguró un responsable del condado en el que ocurrió el hecho, Chris Collins. "Es increíble que solamente haya destruido una casa. Con lo devastador que fue, pudo haber arrasado el barrio entero''. En el avión viajaban 44 pasajeros, 4 tripulantes y un piloto que estaba fuera de servicio y que en un primer momento se desconocía que viajaba a bordo. De las personas que estaban en la casa impactada, una murió y las otras dos, Karen Wielinski, de 57 años, y su hija Jill, de 22, consiguieron escapar con heridas menores.
Los medios estadounidenses, además, informaron que una de las víctimas es Beverly Eckert, una mujer que se había convertido en una activista en favor de la seguridad de los estadounidenses luego de que su marido en los atentados del 11-s (Ver La tragedia...).
Keith Holloway, funcionario de la NTSB, confirmó que las cajas negras con los grabadores de vuelo y de las voces en la cabina de pilotos ya fueron enviadas a Washington, donde se estudian las causas que provocaron el accidente.
El piloto John Lucich, consultado por la cadena de televisión CNN, indicó que el Dash "es un aparato sofisticado", preparado para condiciones climatológicas adversas. Por su parte, una portavoz del Departamento de Seguridad Interna en Washington, Amy Kdwa, aseguró que no existen indicios de que se trate de un acto terrorista.
El presidente Barack Obama, y su esposa, Michelle, dijeron estar "muy tristes" por el accidente.
"Nuestros pensamientos están con las familias y amigos de los desaparecidos", señaló el matrimonio presidencial.
Expertos apuntan al clima
Extremadamente precavidos, los especialistas argentinos evitaron establecer una causa sobre el accidente, pero sí apuntaron al factor climático como un agravante seguro.
"Lo más probable es que haya tenido que ver con un problema meteorológico", presumió Jorge Pérez Tamayo, secretario General de Pilotos en diálogo con Clarín. Y arriesgó una "corriente descendente" o "turbulencia ".
En la misma sintonía, fuentes de la Unión de Aviadores de Líneas Aéreas (UALA) estimaron que el tiempo "sin duda fue un factor, más allá de lo que haya pasado. Las condiciones climáticas indiscutiblemente no eran óptimas".
Pablo Biró, de la Asociación de Pilotos de Líneas Aeronáuticas, aceptó que "hay un montón de causas que podrían haber desencadenante" la fatalidad, pero descartó la del exceso de hielo en las alas, que trascendió como uno de los motivos en la tarde de ayer.
"No debería ser una causal de accidente por sí mismo", manifestó Biró.
Todos las fuentes consultadas por este diario coincidieron también en que el modelo de avión siniestrado es "muy seguro".
Fuente: Diario Clarín |